Este es el séptimo artículo sobre relaciones internacionales, los anteriores se pueden leer aquí: 1, 2, 3, 4, 5, 6.
El poder destructivo de las armas nucleares y su masivo almacenamiento por parte de EEUU y URSS durante la Guerra Fría provocó el pánico en la opinión pública de un inminente apocalipsis que se desataría en cualquier momento. La historia demostró que tales temores eran infundados.
 
¿Cuál es la estrategia detrás de desarrollar y almacenar miles de cabezas nucleares?, ¿Por qué finalmente no se ha desatado una guerra abierta entre las grandes potencias?, ¿Qué beneficios o riesgos tiene para la comunidad internacional la posesión de armas nucleares en manos de las grandes potencias?
 
Con el desarrollo de las armas nucleares en la segunda mitad del siglo XX las grandes naciones tuvieron que aprender mediante ensayo y error cuál sería la estrategia a usar de las armas nucleares. 
 
La primera idea desarrollada por Estados Unidos fue el concepto de destrucción mutua asegurada (MAD) y tener tres vectores para lanzar bombas: Misiles intercontinentales, bombarderos estratégicos y submarinos. Todos ellos en un constante estado de alerta. La idea detrás de poseer tres vectores era: En caso un ataque inicial ruso para  destruir las armas nucleares americanas, todavía tener las suficientes para contraatacar.
 
Un arma que domina la estrategia
 
Como vimos en capítulos anteriores, la disuasión (deterrence) se basa en la capacidad de destruir los santuarios estratégicos del enemigo. El mero hecho qué un puñado de bombas lograse sobrevivir un ataque inicial y llegar las ciudades del oponente era y aún es suficiente para prevenir un intercambio nuclear.
 
Debido a este hecho Las armas nucleares terminaron dominando la estrategia de guerra. Cuentan los autores Sontag y Drew que la presunción americana sobre la estrategia Soviética fue siempre que ellos intentarían un ataque inicial con sus submarinos nucleares, pero gracias al espionaje americano se obtuvo la información que la estrategia rusa era la contraria: Suponer un ataque inicial americano y usar sus submarinos como última ratio. [1]
Ambas potencias habían llegado mediante ensayo y error a la misma estrategia nuclear: No atacar primero y usar armas nucleares solo en caso la integridad territorial nacional se viera amenazada. No se usarían tales armas en caso de conflicto en la periferia, tampoco para responder a agresiones menores o contra potencias de menor calibre.
 
El teórico Kenneth Waltz sostenía qué tal estrategia nació orgánicamente por la mera naturaleza de estas armas, pequeñas fáciles de transportar y de enorme poder destructivo. Su mera existencia obligó a las potencias a llegar a otra forma de pensar sus planes militares. [2]
 
El efecto desescalador
 
El gran y antiguo problema de las armas convencionales es la facilidad con que los líderes políticos pueden hacer escalar una crisis. La pregunta que siempre se hacían era:  ¿Puedo ganar este conflicto? Con las armas nucleares la pregunta es: ¿Sobreviviré este conflicto?
Las bombas nucleares obligan a los líderes políticos a pensar seriamente sus próximas movidas en caso de una escalación: el próximo paso podía ser el último.
Esto permitió reducir la dependencia en armas convencionales cuyo costó destructivo era cada vez mayor.
 
Como sostiene Mearsheimer: Durante toda la guerra fría, pese a la superioridad  económica y material americana sobre la Unión Soviética, la primera nunca se atrevió iniciar un conflicto abierto. Kissinger relata qué durante el conflicto los misiles en Cuba, EEUU tenía unas 2000 cabezas nucleares y estimaban que la Unión Soviética poseía entre 70 y 60. Esas pocas eran suficientes para que la nación americana no se atreviera a escalar más el conflicto, pese a que finalmente lo ganaron. [3]
 
¿Por qué tener tantas bombas?
 
En el peak de la Guerra Fría EEUU tenía aproximadamente 12.000 cabezas nucleares, por su parte la URSS unas 8.000. ¿Por qué tener tantas bombas sí unas cuantas bastan para hacer un daño incalculable? La respuesta se encuentra tres factores:
 
1 – Asegurar la supervivencia de suficientes bombas para un contraataque en caso de un ataque sorpresa.
2 – Seguir siendo una potencia nuclear incluso después de un intercambio nuclear. El uranio es un elemento escaso y las bombas muy lentas de producir.
3 – Incerteza tecnológica: Uno de los mayores problemas de los misiles nucleares, sean intercontinentales o lanzados por submarinos es el siguiente: Nunca se ha lanzado un misil intercontinental armado con una cabeza nuclear y hecho detonar.
 
El experto militar James F Dunnigan, en su libro “How to make War” [4] indica las enormes incertezas de un arma nunca completamente testeada como debería funcionar operacionalmente. Tampoco hay experiencia en cómo se comportarán los misiles en el aire una vez que hayan otros misiles explotando en el área atacada, con pedazos que metralla volando por la atmósfera y ondas electromagnéticas de las primeras explosiones nucleares. La destrucción o pérdida de misiles en vuelo debido a la explosión de otros durante un intercambio nuclear masivo sigue siendo una interrogante.
 
Conclusiones
 
Las armas nucleares transformaron completamente la estratégia militar de las grandes potencias, reduciendo el riesgo de escalación por algún error de cálculo. Pese a que no reemplazan las armas convencionales ni las vuelven obsoletas, las armas nucleares han permitido reducir el riesgo de conflicto entre las grandes potencias y reducir la necesidad de producir aún más armas convencionales con un prohibitivo costo económico.
 
Por el lado negativo las grandes potencias han comenzado a hacer guerra por proxy: Financiando grupos armados irregulares o naciones menores para perseguir sus objetivos de otras formas. Un ejemplo de esto se vio en la invasión de Crimea y el apoyo a la región separatista ucraniana Donetsk por parte de la de Federación Rusa.
 
También hay nuevos desafíos, la tecnología para fabricar armas nucleares es relativamente sencilla, siendo únicamente complejo el enriquecimiento de uranio. El mayor problema a futuro es la proliferación nuclear en manos de potencias menores. Y eso es algo que la comunidad internacional ha fallado en detener.
 
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[3] Ibíd
 
 Fuente foto portada: https://www.pbs.org