Como he escrito en artículos anteriores, la introducción de un arma nueva junto con una doctrina novedosa que no ha sido probada puede tener graves consecuencias en batalla. Otro ejemplo de esto ocurrió con la introducción de misiles para cazas. Augurando una nueva era en batalla aérea, donde los usuales “dog fights” serían cosa del pasado.

Durante los 60 “expertos” militares pensaron que tener cañones en aviones de combate ya no era necesario y bastaba lanzar misiles a distancia para combatir al enemigo. Esto además trajo consigo una reducción del nivel de entrenamiento de los pilotos de combate americanos.

La teoría se materializó con el F-4 Phantom II, excelente caza supersónico y pensado como plataforma para lanzar misiles, pero sin cañones. Este avión tuvo su bautizo de fuego en Vietnam en 1965. El concepto demostró ser un fracaso, cuando el caza ruso MiG-17, el cuál era subsónico, armado únicamente con cañones y muy maniobrable podía darle pelea a cazas supersónicos americanos. Eso pese a que los norvietnamitas contaban usualmente con pilotos mal entrenados.

El ratio de pérdidas contra un contrincante en teoría inferior fue de 2:1, volviendo el costo de pérdida inaceptable para las fuerzas americanas, cancelando las operaciones aéreas en 1968. Como punto de comparación, en la SGM ratio de pérdidas en el pacífico era 11:1; en Corea, con aviones subsónicos a reacción fue 12:1.

Un problema triple

OspreyEl MiG-17 y MiG-15, en manos de pilotos entrenados podían darle buena pelea a las fuerzas americanas. Fuente Osprey Publishing

Los pilotos americanos tuvieron un problema triple al enfrentarse a los pilotos norvietnamitas: en primer lugar, las estrictas reglas de enfrentamiento obligaba a los pilotos americanos tener confirmación visual del enemigo. En segundo lugar los misiles demostraron ser muy inefectivos. EL AIM-7 Sparrow tenía una tasa de éxito de apenas un 8%, mientras que el AIM-9 Sidewinder sólo daba en el blanco un 15% de las veces.

Como medida para subsanar este problema la USAF incorporó cañones en sus F-4 en góndolas adicionales, pero esto desnudó el tercer problema: la incorporación de los cañones no mejoró el ratio de pérdidas, ya que los pilotos carecían del entrenamiento para combatir a corta distancia.

Top Gun, la vuelta de la pelea de perros

Varios pilotos de combate han descrito al “dog fight” como lo más cercano a la lucha cuerpo a cuerpo en el aire. Fuertes y brutales aumentos de fuerza “G”, donde el cuerpo pesa varias veces más. Movimientos que hacen que toda la sangre se vaya a la cabeza, o en sentido inverso haciendo perder el conocimiento. Los pilotos requieren además poder visualizar tridimensionalmente dónde está su propio avión y la posición del o de los enemigos que se mueven fuera del campo visual.

Un extraordinario ejemplo de esta habilidad fue el as alemán Hans Joachim Marseille, el cual era capaz de disparar ciegamente al avión enemigo cuando ambos tomaban un giro, estando el oponente oculto por su propia proa. No por nada Marseille logró derribar 17 aviones en un solo día. [1]

La falta de esta capacidad crítica para el combate fue lo que impulsó al capitán de portaviones Frank Ault, piloto veterano de la SGM, en presentar en 1968 un documento con una serie de medidas para mejorar el entrenamiento de los pilotos y subsanar otras fallas técnicas. Tal propuesta se convirtió en el entrenamiento popularmente llamado “Top Gun”. [2]

Cuando se reanudaron las operaciones aéreas en Vietnam en 1972, los pilotos americanos que pasaron por este curso y fueron al combate subieron el ratio a 12:1, cimentando la superioridad aérea americana.

Otras propuestas erróneas

En el mundo militar han habido varios cambios en nombre del “futuro tecnológico” y las “nuevas realidades”: Uno de los más emblemáticos fue la introducción de la munición 5.56mm cuando se asumió falsamente que los combates de infantería no ocurrían más allá de los 200 metros de distancia.

Otro reciente fue la eliminación del entrenamiento con bayoneta en EEUU el  año 2010, ignorando la experiencia en batalla moderna tanto en las Falkands en las batallas de Mount Tumbledown y Goose Green, así como recientes enfrentamientos en Irak y Afganistán. [3]

En mi opinión el cambio más polémico ha sido la introducción de mujeres en unidades de combate con un estándar de exigencia física inferior al de los soldados varones. Kingsley Browne relata en forma exhaustiva en su libro “Co-Ed Combat” las diferencias físicas, psicológicas y de dinámica de grupo que dan una enorme ventaja a las unidades de combate compuestas únicamente por hombres. [4]

Conclusión

En los últimos 30 años EEUU y sus aliados sólo se han enfrentado a tropas mal entrenadas y equipadas, usualmente irregulares.  Siempre gozando de una cómoda superioridad numérica, lo que les ha permitido poder ganar la batalla pese a aplicar doctrinas dudosas. Esto puede cambiar con el aumento del poder Chino y el rearmamento ruso. La opinión pública americana podría llevarse una desagradable sorpresa si sus tropas se enfrentasen mañana a un enemigo en igualdad de condiciones.

Es importante poder reconocer nociones erróneas sobre la guerra como: el concepto de la “nueva era de los misiles”: creer que una tecnología inmadura vuelve innecesaria una forma validada de combate; o permitir mujeres en la infantería porque “el mundo y la sociedad cambió”.

Muchos países en Latinoamérica han implementado ciegamente tales propuestas, olvidando que su más probable enemigo no son fuerzas islamistas en un continente lejano, sino un país vecino con las mismas capacidades militares. El día de mañana pueden ser nuestros hijos los que paguen el precio de tal error.

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