Durante las últimas décadas se ha empujado en diversos países la introducción de mujeres en las Fuerzas Armadas en posiciones históricamente ocupadas por hombres, principalmente unidades de combate.

Esta política ha sido empujada bajo la premisa ideológica que hombres y mujeres son prácticamente intercambiables, siendo su exclusión de tales posiciones netamente por un machismo histórico.

Tal decisión de la clase política ha roto, en la mayor parte de los casos, la resistencia de los altos mandos militares. Usualmente el riesgo de ver recortada la carrera es un riesgo que muchos oficiales no quieren enfrentar.

¿Es una buena idea poner a mujeres en puesto de combate o en las fuerzas armadas en general?, ¿qué beneficios o daños genera esta política pública? Eso queremos revisar en este artículo.

Historia de las mujeres en la guerra

La guerra es tan antigua como el ser humano, siendo usualmente las mujeres participes de ella como víctimas. Una de las razones de las tribus primitivas de ir a la guerra era por territorio, caza y mujeres [1]

Desde el avance industrial las mujeres han participado cada vez más en roles indirectamente ligados a las unidades de combate: telecomunicaciones, logística, enfermería y producción fabril. Posiciones que normalmente son blancos a destruir por fuerzas enemigas en la guerra moderna para dañar el esfuerzo propio.

Si bien no han habido casos generalizados de tener mujeres en combate, hay dos excepciones:

  1. Riesgo de genocidio: un pueblo enfrenta a tropas enemigas en sus centros poblados y todas las manos deben ser llamadas al combate. Hay dos casos relevantes en los últimos 100 años: Israel contra sus vecinos árabes (1948) y en Iraq, donde las fuerzas Kurdas enfrentaron a ISIS (2014).
  2. Propaganda: Cuando un estado crea “unidades femeninas” con fines propagandísticos y motivar a su población. Un ejemplo de esto fueron las “Brujas Nocturnas” del Regimiento soviético de Bombardeo 588 durante la SGM. Este regimiento nunca tuvo más de 40 tripulaciones, usaban biplanos obsoletos y sólo realizaban misiones nocturnas de acoso. [2]

Como podemos ver las mujeres suelen tener un rol en funciones de soporte en caso de guerra y pueden sufrir su embate, pero tienen escasas oportunidades para participar en combate directo.

La guerra es la prueba física definitiva

Pese a todos los avances tecnológicos, la guerra sigue siendo una proeza física: para la infantería eso implica cargar por días una mochila de 30 o 40 kg más un fusil de asalto de otros tres kilos. ¿alguno de ustedes ha intentado sostener una barra metálica de tres kilos a la altura del hombro por más de 10 minutos y correr a la vez?, eso es la norma en combate.

No se engañen, con igual entrenamiento un soldado más fuerte y en mejores condiciones físicas superará, la mayor parte de las veces, a un soldado físicamente menos apto. Toda persona que ha hecho algún tipo de práctica de tiro contra un contrincante lo sabe.

Para la artillería y fuerzas blindadas implica cargar repetitivamente a mano munición de 120 o 155 milímetros, con un peso entre 20 y 43 kilos respectivamente.

Otro ejemplo es ayudar un soldado herido: cargar al hombro o arrastrar un compañero herido de 80 kilos bajo fuego enemigo no es algo para debiluchos.

Los requerimientos físicos arriba mencionados ponen una limitante para participar en combate a casi toda la población femenina y a un porcentaje no menor de la población masculina, hoy principalmente sedentaria y/o envejecida.

Aún asumiendo una población sana y joven, la capacidad física de los hombres es, en promedio, superior gracias a la testosterona en su organismo, la cual desde el nacimiento da: una mayor densidad ósea, fuerza muscular, resistencia aeróbica y anaeróbica, mayor nivel de hemoglobina, mayor velocidad y precisión en lanzamiento y agresividad. Indica Kingsley Browne, profesor de derecho y graduado en Física Antropológica en su libro Co-ed Combat que la diferencia física entre hombres y mujeres aumenta cuando ambos grupos son sometidos a entrenamiento: Un régimen deportivo y militar aumenta todavía más la brecha física entre hombres y mujeres. La naturaleza parece ser injusta.

Este análisis no se queda en la teoría, el Cuerpo de Marines americano realizó diversos ejercicios de combate con unidades de hombres contra unidades mixtas: aquellas con sólo hombres resultaron ser superiores a las con mujeres: eran más rápidos, más letales con armas de fuego y sufrían menos lesiones. [3]

Sufriendo lesiones por sobre la norma

Otro país donde hay experiencia práctica es Israel, donde se permite hace varios años el servicio militar para mujeres y participan en unidades de reconocimiento e infantería liviana, Un grupo de investigadores publicaron un estudio el año 2014, donde revisaron el desempeño de ambos sexos en unidades israelíes para infantería ligera, descubrieron que el 21% de las mujeres sufrió fracturas por estrés durante el entrenamiento, versus el 2,3% de los hombres [4], casi 10 veces más.

Browne cita en su libro un estudio realizado por el Ministerio de Defensa Británico donde llegaron a las mismas conclusiones mencionadas arriba, además añadiendo que apenas el 0,1% de las reclutas mujeres eran capaces de alcanzar los estándares físicos sin lesionarse requeridos para el Royal Armored Corps y la Infantería.

La respuesta de la clase política frente a este problema ha sido sencilla: bajar cada vez más los requerimientos físicos para mujeres.

Browne indica que los estándares más bajos para las mujeres son una fuente frecuente de quejas entre los militares. Las diferentes expectativas comienzan con los estándares de entrada y continúan a lo largo de la carrera militar. Por ejemplo, al momento del alistamiento en el ejercito americano, se espera que una mujer de 17 años haga 13 flexiones de brazo, en comparación con 35 para los hombres, mientras que para los de 41 años, los números son 6 y 24 flexiones, respectivamente. En Israel está sucediendo lo mismo, donde se ha presionado políticamente para reducir los requerimientos físicos para que mujeres puedan participar en combate [5]

Costos económicos

Otro problema que tienen las Fuerzas Armadas es la mayor tasa de retiro de personal femenino versus masculino. En EEUU la situación es desalentadora: en la Fuerza de Submarinos sólo el 22% de las mujeres sigue en el servicio después de 5 años, versus el 41% de los hombres. En la Fuerza Aérea, dentro del subgrupo de pilotos, la retención es igual de mala: 18% vs 48% respectivamente. [6]

Entrenar marinos y pilotos de combate significa un enorme costo para el erario nacional, ¿Qué ventaja económica o militar tiene entrenar alguien física- y psicológicamente menos apto que un varón promedio si finalmente tiene el doble de chances de abandonar el servicio?

El caso de las guerreras Kurdas

Probablemente muchos quienes lean y quieran criticar este artículo sacarán a colación las mujeres Peshmergas combatiendo contra ISIS en Iraq y Siria. Pero tales combatientes caen nuevamente en los casos de excepción mencionados inicialmente: Riesgo de genocidio y propaganda. Adicionalmente tales unidades, normalmente donde las mujeres son separadas de los hombres, tienen roles de contrainsurgencia y auto defensa. [7]

Sobre ellas hay muy poca información fidedigna para hacer un análisis serio a su desempeño en combate: ¿Cuál fue su nivel de entrenamiento?, algunas fuentes hablan de una semana. ¿Su nivel de bajas sufridas vs causadas?, ¿Cuánto es su nivel de atrición: heridos, muertos, rotación de tropas?. No hay información para determinar que fueron eficaces en combate contra ISIS, también una fuerza irregular de infantería ligera.

Conclusión

La política de incorporar mujeres en las fuerzas armadas en posiciones de combate ha demostrado en la práctica ser contraproducente, reduciendo la efectividad de combate de las fuerzas armadas, causando pérdida económica al Estado, dañando físicamente a las mujeres que supuestamente querían ayudar y finalmente menoscabando la moral de unidades de combate al meter por la fuerza personas con un nivel de exigencia muy por debajo de un soldado promedio.

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Fuente foto portada:

http://iwf.org/blog/2808425/Update-on-Women-in-Combat