El Domingo 25 de noviembre del 2018 tres buques de guerra ucranianos cruzando el estrecho de Kerch, entre los mares Negro y Azov, fueron interceptados y detenidos por la marina rusa. Los buques detenidos eran dos patrulleras y un remolcador.

El gobierno ruso indicó que realizó tal detención porque los navíos ucranianos no avisaron de su ruta, aunque esto parece ser una excusa frente a una maniobra planificada. El hecho que Rusia haya puesto un buque carguero en paralelo y debajo del puente sobre el estrecho da indicios que esta detención estaba prevista de antemano.

Ucrania ya declaró ley marcial en varias de sus regiones y ha llamado públicamente por el apoyo de occidente. El presidente de los EEUU, Mr. Donald J. Trump, anunció ayer que no se reunirá con el autócrata ruso Vladimir Putin en la cumbre G-20 en Argentina.

¿Por qué Rusia ha realizado tal maniobra?, ¿Qué pretende obtener con ella?. Primero debemos analizar un par de antecedentes que  desencadenaron este conflicto.

 

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En septiembre de este año la marina ucraniana movilizó 2 navíos de similar forma a través del estrecho, para luego anunciar con bombos y platillos en la prensa que logró infiltrar tales barcos bajo las “narices rusas” en una “arriesgada y brillante” maniobra militar. Charles Maurice de Talleyrand, diplomático francés, escribió una vez que la mejor manera de asegurar una guerra es humillar a una gran nación. Los rusos no les permitieron la misma gracia a los ucranianos una segunda vez.

Rusia es una Gran Potencia Continental y, cómo he escrito en artículos anteriores, estas asegurarán a cualquier precio que sus fronteras y regiones aledañas estén bajo su control y todos sus países vecinos sean aliados o satélites. Crimea y el mar de Azov no son la excepción.

En Crimea está Sevastopol, uno de los puertos militares estratégicos de Rusia, el cual tiene salida permanente al mar Mediterráneo. Tal puerto, en territorio Ucraniano hasta el 2014, estaba concedido por Ucrania a Rusia hasta el año 2017, fecha en la cual debían negociar una nueva concesión o entregarlo. Debido a las protestas en Kiev el 2014 Moscú decidió no correr el riesgo de perder tal puerto y anexó Crimea. La velocidad, violencia y eficiencia de la anexión noqueó al gobierno ucraniano. Moscú también quería impedir que Ucrania lograra unirse a la OTAN, como lo lograron los países bálticos.

Vladimir Putin contaba además en ese entonces con la falta de respuesta del gobierno americano bajo Barack Obama. Obama era bueno para los discursos, pero malo para tomar medidas militares osadas.

Siendo justos con Obama, cuando Rusia invadió Georgia el año 2008, George W. Bush envió rápidamente apoyo militar y humanitario a la nación del Cáucaso. Pero esta probó ser de poca ayuda dada la asimetría de fuerzas entre los contrincantes.

Hoy cualquier posibilidad de intervención de occidente es muy limitada, de partida el gobierno ucraniano es tremendamente corrupto e inepto. La posesión militar rusa de Crimea es difícil de revertir. Además su control  sobre esta fue cimentado con la construcción de un puente en mayo del 2018 que une la península con Rusia. Cualquier acción militar de la NATO en la región arriesga una guerra frontal con Rusia. Sin tomar en cuenta el enorme esfuerzo y riesgo logístico de transportar soldados y pertrechos a Ucrania, frente a un oponente que puede proyectar su fuerza militar directamente en sus fronteras.

Finalmente: nadie querría arriesgar un intercambio nuclear con Rusia por la libertad una nación alejada, con poco valor estratégico y de segundo orden como Ucrania.

Uno puede criticar a Vladimir Putin por ser antidemocrático, corrupto, que asesina a sus opositores y enemigos políticos. Pero en las relaciones internacionales no gana el más bueno, sino el más fuerte.

Rusia tiene en esta jugada todas las ventajas estratégicas y geográficas, cualquier queja contra ella es sólo para la galería.

 

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Fuente Foto Portada: Pavel Rebrov/Reuters