Por Emilio Meneses

Varias cosas pasaron por mi mente cuando José Antonio Kast fue atacado por una turba el Miércoles en la UNAP.

Lo primero: muchos de quienes atacaron a Kast lo grabaron para luego subirlo a internet jactándose del acto. El único grupo que he visto hacer algo similar, publicar sus crímenes porque piensan que es algo noble, era ISIS. Tales energúmenos parecen pensar que la vía violenta es un acto político legítimo en una república democrática. Sólo personas completamente poseídas por una ideología fanática pueden actuar de una manera tan trastocada.

Lo segundo que me llama la atención: demasiados arman un hombre de paja para atacar a Kast. Incluso me ha tocado discutir con un profesor de filosofía que vociferantemente acusaba a Kast de promover odio, xenofobia y violencia.  Pero al exigirle que produzca evidencia, o se quedaba corto o mostraba una entrevista de Kast que, tras verlas varias veces, no pude encontrar ningún atisbo de odio, racismo o incitación alguna. Ahí es cuando caí en cuenta del error heurístico en que caen muchos de quienes critican a Kast: confunden ser conservador con ser fascista.

Los valores conservadores dan enorme valor a la importancia de la familia tradicional, respeto a las religiones, la moral, importancia de la honestidad, el esfuerzo personal cómo única manera de ascenso social, conservar lo que existe en la sociedad y la disposición a arriesgar la vida defendiendo los intereses patrios. Todos los puntos que predica Kast se basan en estos valores y por eso resuenan en un grupo no menor de la población.

 

Conservadores y liberales

Ser conservador no es per se una posición ideológica, sino una predisposición de tu temperamento. Cómo indica el psicólogo clínico Jordan B Peterson, uno nace conservador. Y cómo añade Jonathan Haidt  en una entrevista con Peterson, uno usualmente se vuelve más conservador con los años, especialmente si uno tiene hijos. Quieres ver la menor cantidad de cambios en la sociedad para garantizar que tu prole pueda probar la misma estrategia que te hizo exitoso.

Ser liberal (en el sentido anglosajón) también es por nacimiento, por temperamento prefieres experimentar cosas nuevas, te interesa de sobremanera que todos los miembros de un grupo humano sean exitosos o al menos sean tratados de igual forma, dando especial cuidado a los en situación más precaria.

Conservador y Liberal son distintas formas de interpretar y actuar en el mundo, y desde la perspectiva de la evolución ambas nos ayudado a sobrevivir como especie, a veces una postura conservadora es la correcta, en otras una liberal. El error que hoy en día muchos caen es confundir las preferencias predeterminadas por tu temperamento con un argumento racional y automáticamente asumir que quienes no piensan como uno deben ser o tontos, o irracionales…o fascistas.

 

Citar a Popper sin haberlo leído

 

Montt

Además de tergiversar las posturas de Kast, muchos de quienes lo atacan, citando al filósofo Karl Popper, indican que en una sociedad moderna no debemos tolerar a los intolerantes. Pero tales personas evidentemente no le han leído y malinterpretan su pensamiento, en su libro La Sociedad Abierta y sus Enemigos dice claramente:

“Con este planteamiento no queremos significar, por ejemplo,que siempre debamos impedir la expresión de concepciones filosóficas intolerantes; mientras podamos contrarrestarlas mediante argumentos racionales y mantenerlas en jaque ante la opinión pública, su prohibición sería, por cierto, poco prudente. Pero debemos reclamar el derecho de prohibirlas, si es necesario por la fuerza, pues bien puede suceder que no estén destinadas a imponérsenos en el plano de los argumentos racionales, sino que, por el contrario, comiencen por acusar a todo razonamiento; así, pueden prohibir a sus adeptos, por ejemplo, que prestan oídos a los razonamientos racionales, acusándolos de engañosos, y que les enseñan a responder a los argumentos mediante el uso de los puños o las armas.”

Este punto lo dice todo, incluso si Kast fuera quien sus enemigos dicen quien es, él jamás se ha negado a debatir sus ideas. Es más, junto con ir a todas las entrevistas donde le invitan, es sumamente articulado y ha dejado en ridículo a más de un oponente, como lo han experimentado Nicolas Grau y la periodista Javiera Parada. Los intolerantes que no tolera Popper son aquellos que usan la violencia en vez de argumentar. En el caso que estamos discutiendo, se trata de los que atacaron a Kast en lugar de sentarse a discutir con él de manera civilizada.

 

Atreviéndose a debatir al oponente

 

fascistas

Si el discurso de Kast es tan retrógrado, tan falso y apologético de la violencia ¿por qué no destruirlo intelectualmente? ¿por qué no someterlo a la humillación pública en una ronda de preguntas tras su presentación, tal como siempre le ocurre a Navarro y a Artes cuando hacen lo mismo?

Es muy cómodo tergiversar y caricaturizar al oponente, te ahorra el esfuerzo de tener que escuchar su argumento, entenderlo, comprender sus fortalezas y mostrar sus debilidades. Muchos prefieren tildar a alguien de fascista porque les permite ser intelectualmente perezosos, especialmente contra Kast, que hasta el momento ha demostrado ser un oponente intelectual descollante. Es fácil acusarlo falazmente de fascista, lo difícil es enfrentar a Kast en un debate.

Otros, más radicales, se niegan a entrar en dialogo con quien piensa distinto porque es admitir que el contrincante podría estar en lo correcto, y eso es siempre anatema para alguien totalitario. Ese es el actuar de los fanáticos religiosos y el sello de fábrica de los fascistas. Y estos últimos mostraron su verdadera cara en la UNAP.

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