Desde tiempos inmemoriales se conoce el fenómeno del “Chivo expiatorio”. Este consiste que durante una crisis social o política en un poblado era traída al frente un animal o persona. Este “chivo” representaba la encarnación del mal y todos los problemas que asolaban al pueblo. Era traído a una tribuna, humillado frente a todos y posteriormente sacrificado. Gracias a la catarsis colectiva que este sacrificio producía se lograba, momentáneamente, un efecto placebo que tranquilizaba los ánimos.

Este fenómeno no quedó relegado en el pasado lejano de las supersticiosas tribus de la edad de piedra, sigue vivo y goza de buena salud. En la Alemania del siglo XX, uno de los países más avanzados del mundo, se llegó al convencimiento que los judíos eran “responsables de la derrota en la Gran Guerra”. El año 2016 en Estados Unidos, la superpotencia atómica, durante meses la oposición de izquierda estaba convencida que los responsables de la victoria de Donald Trump fueron “los bots rusos en internet”.

Pese a toda nuestra tecnología, nuestros cerebros siguen en la edad de piedra.

Por qué la izquierda chilena odia la constitución de 1980

En Chile desde hace décadas la izquierda ha insistido en eliminar la constitución de 1980. Hoy se esta haciendo presión de nuevo para tener una nueva constitución en Chile aprovechando la coyuntura de un masivo descontento social y protestas diarias. ¿Por qué tanto en celo en querer cambiarla? La mayor parte de los argumento que lanzan son emocionales: “fue hecha en dictadura”, “es ilegítima”, “es la fuente de todos nuestros problemas”, etc. Nunca he visto un análisis desapasionado de las desventajas de la constitución actual y el porque cambiarla. Esto se debe a que la Constitución no es el problema, sino la misma izquierda.

Cuando era niño el tema era que Pinochet era el dictador, luego que Pinochet fuera senador, hoy el problema es la “Constitución de Pinochet” y si mañana logran cambiarla el problema serán “los herederos de Pinochet”. Esto es no es algo intencional, sino un síntoma de un problema estructural en la izquierda: es una coalición de posiciones tan variopintas, que requieren un aglutinante común. Y nada más aglutinante que un enemigo externo. Desde las peleas entre estalinistas y troskistas, entre tankies y progres, entre moderados social-demócratas a chavistas. Los movimientos de izquierda son tan diversos que tienen pocos temas comunes, sólo enemigos comunes. Este es su verdadero talón de Aquiles. La Constitución de 1980 es el enemigo externo que los une y aplaca sus ánimos.

En las ultimas semanas diversos grupos de izquierda trataron de subirse al carro del descontento social en Chile, pero casi en el ultimo momento se dieron cuenta que esa misma masa que tanto incitaron los puede devorar, porque esa masa les ve como parte del problema. Por ejemplo, en varias ocaciones miembros de Partido Comunista fueron atacados o increpados por protestantes.

La pira para quemar al chivo está hecha, ¿a quién sacrificamos?

La crisis social en Chile se debe a factores más allá de la Constitución, no voy a entrar en su detalle porque ya escribí sobre ellos aquí. Pero si se puede indicar que la izquierda, cual aprendiz de brujo, ayudó a crear un monstruo que ya no pueden controlar. Después de la protestas del 12 de noviembre fue evidente que las masas deseaban no sólo quemar al gobierno actual, sino además a la oposición de izquierda.

En un acto de Realpolitik y entendimiento político varios miembros de la derecha, como Mario Desbordes, apoyaron la propuesta del gobierno de hacer una nueva constitución, muchos en la izquierda aceptaron rápidamente la propuesta y aún están en negociaciones del mecanismo exacto. La pira está preparada y los ánimos dispuestos, la Constitución actual será quemada para intentar aplacar a las masas. Pero dudo que esto va a funcionar

Quemando al chivo equivocado

Hay un silencio extraño en la izquierda política, de un día para otro algunas banderas de lucha ya no parecen ser mencionadas. Las protestas se originaron por un hartazgo de la población en la corrupción de toda la clase política, de una desigualdad social galopante y de una pésima situación económica. Volver a insistir en tales puntos rompería la ilusión del sacrificio planeado y plantearía una pregunta incomoda: ¿cómo va a solucionar una nueva constitución la corrupción política y la desigualdad en Chile?

Las actuales protestas han dañado la economía y ya se prevé una baja en el crecimiento, acentuando aún más el problema. ¿A quién podrán quemar la próxima vez que la turba salga a la calle?

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Fuente foto portada: AP Photo/Matias Delacroix