Caminando por una calle por donde vivo vi el siguiente rallado, que probablemente criticaba la política exterior americana

“Bombardear para lograr la paz es como tener sexo para resguardar la virginidad”.

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Si bien es un comentario incisivo y una crítica política, quien lo escribió ignora, al igual que la mayoría, cómo funciona el sistema internacional.

Cuando una nación bombardea a otra no lo hace para “lograr la paz”, no importa cuanto lo repita su propaganda. Bombardea para lograr sus objetivos estratégicos como nación y doblegar al contrincante.

El mal uso de la palabra “Paz”

En el lenguaje normalmente usado en occidente suele existir una contraposición entre el significado de las palabras guerra y paz. Sea en las redes sociales, medios de prensa o información estatal siempre parece indicarse que el valor más alto y noble a alcanzar en el mundo es la “paz”. Esta noción, quiero argumentarles, es engañosa.

Tal noción errada puede generar disonancia cognitiva en el público, como por ejemplo celebrar el premio Nobel de la paz de Barack Obama y luego tener problemas al enfrentarse al hecho que efectuó más ataques con drones que George W. Bush.  Las naciones y sus líderes no buscan la paz, sino asegurar su existencia a futuro.

Confundimos paz con seguridad

DAVID GUTTENFELDER-APFuente Foto: DAVID GUTTENFELDER/AP

La paz per se no existe en el sistema internacional, lo único que existe es la competición por seguridad entre las naciones. A veces tal competición es con guerra abierta; en otras ocasiones es una competición comercial con observación armada, cómo sucede entre Chile y Perú.

Sólo en los casos cuando las naciones no tienen más pretensiones territoriales, y están satisfechas entre ellas con su relación de fuerzas, se llega a un equilibrio: todos los involucrados están, por el momento, contentos.

Esta situación es lo que comúnmente llamamos “paz”, y es simplemente un subproducto del equilibrio al que llegan las naciones en su competición por seguridad.

Este equilibrio es, sin embargo, sumamente frágil. Cambios políticos, tecnológicos y económicos alteran la ecuación de poder entre las naciones.  Por ejemplo: entre los años 2009 y 2017 el PIB en la eurozona creció un 13% y en EEUU un 19%; durante ese mismo período, el PIB creció en China un 85% y en India un 79%. Estos cambios económicos, sumados al crecimiento de la población de un país, alteran sus capacidades militares, reales o potenciales.

Esto puede traer cambios negativos: naciones que se vuelven prepotentes con sus vecinos por el nuevo poder adquirido, cómo hoy pasa con China; otras tienen miedo al aumento de poder de su vecino y deciden “atacar primero”, cómo sucedió en 1914 con el Imperio Austro-Húngaro y declaró la guerra a Serbia, desatando la PGM.

Con este trasfondo es evidente que las naciones no bombardean o van a la guerra para buscar “paz”, lo hacen para asegurar su equilibrio de poder o el de sus naciones aliadas.

Esto contradice la definición usual de “paz” en occidente, esta palabra tiene una carga moral: es algo bueno y por lo tanto se deben hacer sacrificios por ella.  Por el contrario, la paz para las naciones es algo completamente amoral, tampoco es lo que realmente buscan. Los estados, consciente o inconscientemente, quieren y persiguen seguridad.

Para obtener tal seguridad deben darse los siguientes factores:

  • Reconocimiento reciproco de fronteras y posesiones territoriales
  • Balance de poder tal que mantenga satisfecho a todos los involucrados en una región

En caso de que alguno de estos factores no se cumpla existirá el riesgo de guerra o conflicto fronterizo. Ejemplos de esto hay también en occidente, como casos de pretensiones territoriales podemos mencionar: España-Inglaterra por Gibraltar, Argentina-Inglaterra por las Falkland, Perú y Bolivia-Chile por las regiones de Árica y Tarapacá. En estos tres casos el balance de fuerzas es tal que ha impedido a los reclamantes obtener su pretensión territorial por las armas, situación que podría cambiar con el pasar del tiempo, ningún balance de fuerzas es eterno.

En conclusión, el concepto comúnmente denominado “paz” no es adecuado para explicar la ausencia de conflicto abierto entre las naciones, sólo existe el conflicto y la satisfacción de los intereses egoístas de cada estado. Por lo mismo debemos dudar de cualquier líder político que declare grandilocuentemente que “buscará la paz”; o no sabe de lo que habla o nos está mintiendo en la cara. En la medida que el público entienda esto podremos hablar honestamente de cómo lograr equilibrios duraderos.

Sólo los muertos han visto el fin del conflicto

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