Dado el tumulto por el caso Sophía varios en Chile reaccionaron con espanto frente a propuesta de algunos políticos de reinstaurar la pena de muerte. Muchos salieron con el argumento de: “no tenemos derecho a quitarle la vida a otra persona” o “jamás podría matar a alguien”

 

¿Tenemos derecho a matar a otra persona?

Afirmar públicamente que “jamás matarías a alguien” más bien parece una forma de señalizar virtud en público, afirmando lo bueno y moral que eres. De partida es desconocer la propia naturaleza humana y el instinto de supervivencia. Tal postura parece implicar que, para poner un ejemplo: si un delincuente o criminal entra armado a tu casa y amenaza tu vida o la de tu familia, no estarías dispuesto a detenerlo. Y argumentar que intentarías no matarlo sólo suena lógico para alguien que nunca ha tenido una pelea, o nunca se ha enfrentado a alguien armado. Al delincuente no le importa si te asesina o no, sólo le importa su botín y no perder su vida en el proceso.

Sería más realista afirmar: “pese a que matar a otra persona es algo terrible, estoy dispuesto hacerlo llegado el caso de tener que defender mi vida o la de mi familia”. Esa es al menos una declaración que tranquilizaría a tu señora o a tus hijos si sale de tu boca.

No estoy dispuesto a matarlo, pero aún menos a cuidarlo

Otro punto que argumentan para oponerse a la pena de muerte es el valor intrínseco de la vida humana y que nadie ni el estado tiene el derecho de quitar una vida. Esto es de por sí un moralismo hiperbólico. Una sociedad puede perfectamente definir que para cierto tipo de crímenes el castigo es la muerte, o definir que la vida humana tiene menos valor que ciertos actos. Para que hablar de la ley nacional o pactos internacionales, la primera se puede cambiar en instantes y los segundos ignorar sin consecuencias reales.

Las personas que defienden la cadena perpetua para ciertos crímenes usualmente no son aquellas que efectivamente deben supervisarlos de por vida. Velar 24/7 a tal tipo de criminales es un trabajo sumamente riesgoso y mal pagado [1] [2]. Por lo demás hay una externalidad negativa a tener tales tipos vivos: las cárceles se han convertido en centros de formación profesional para el crimen [3]. Personas que caen en la cárcel por crímenes menores, especialmente juveniles tienen altas chances de sufrir todo tipo de abusos en manos de prisioneros adultos [4][5] . Este costo social no lo pagan personas con título universitario, las pagan las clases sociales bajas que, o sólo pueden aspirar a estos trabajos, o caen en el círculo vicioso carcelario.

No estamos eliminando a los peores elementos de nuestra sociedad únicamente porque nos podemos dar económicamente tal lujo. Si el día de mañana por alguna crisis económica no hay capacidad en las cárceles, o peor, nadie quiera trabajar en ellas [6][7], tendremos que tomar decisiones sumamente duras.

Ley Sofia

Asesino de Sophía, Fuente Foto: TVN

El dilema del carcelero.

El clásico problema de tomar una decisión simplemente basada en el idealismos o principios morales es que estos pueden chocar con la realidad o enfrentar fuertes externalidades negativas a la hora de implementarla. La mayor externalidad negativa de decidir no ejecutar un criminal peligroso es que alguien debe arriesgar el pellejo supervisándolo, sin tomar en cuenta el riesgo para otros reos. Esto sin tomar en cuenta el costo económico que se incurre por años.

Hagamos un ejercicio mental para probar la aplicabilidad de nuestra posición moral de no condenar a muerte: En una sociedad donde está permitida la pena de muerte, si nosotros fuéramos el carcelero que, frente a un asesino peligroso y condenado por horrendos homicidios y puede decidir el destino del reo. Tú como carcelero tienes dos opciones con sus costos y beneficios:

  • Opción A: Ejecutar al reo, se demora apenas un par de horas y está condonado socialmente
  • Opción B: Cuidar durante 30 años al reo 24/7 arriesgando tu integridad.

Si tú fueras el carcelero ¿cuál decisión preferirías tomar?, ¿y si estás casado, cuál decisión preferiría tu pareja que tomaras?

Lo que revela este ejercicio mental es que quienes abogan por proteger la vida de un criminal usualmente nunca tienen que estar en el pellejo de quien debe supervisarlo, para qué decir que estar en el pellejo de las víctimas.

Tomando altura de miras frente al tema

Muchos critican que quienes proponen la pena de muerte o ejecutar a quien cometió un crimen horrendo lo hacen al calor y pasión del momento, están totalmente en lo correcto. Pero al mismo tiempo quienes defienden a cualquier precio la vida del criminal nunca se han puesto en los zapatos de quienes deberían convivir y cuidar por años tal tipo de energúmenos.

Nuestra sociedad se ha vuelto mucho más moralista (sí, moralista, no moralmente superior) porque tenemos la riqueza económica para financiar nuestras preferencias morales y porque nuestras necesidades más básicas (comida, salud y techo) están constantemente satisfechas. Deberíamos tener la honestidad y cordura de reconocer que si esta riqueza desaparece no podremos seguir siendo “moralmente superiores”.


[1] http://www.turn-keytechnologies.com/blog/guardian/corrections-officer-among-top-ten-dangerous-jobs-2015
[2] https://www.mirror.co.uk/news/uk-news/prison-guard-warns-lags-run-9293482
[3] https://www.npr.org/2013/02/01/169732840/when-crime-pays-prison-can-teach-some-to-be-better-criminals
[4] http://www.slate.com/articles/news_and_politics/politics/2014/06/prison_crime_rate_the_u_s_violent_crime_rate_is_falling_partly_because_the.html
[5] http://www.justicepolicy.org/images/upload/97-02_rep_riskjuvenilesface_jj.pdf
[6] https://www.nytimes.com/2014/11/14/us/prison-officials-seeking-ways-to-recruit-and-retain-guards.html
[7] http://prisonwriters.com/prisons-having-hard-time-hiring-prison-guards/