Cuando la armada chilena podía hundir a la norteamericana – Parte 2

Cochrane Blanco Encalada Huascar combate punta Angamos de Rudolph de Lisle

En diciembre de 1881 la marina estadounidense consideraba inminente la guerra con Chile cuando el secretario de estado del país del norte, James G. Blaine, había enviado a su hijo y al diplomático William Trescot a Chile con el objetivo de romper relaciones diplomáticas con la nación del sur. Para quienes aún no han leído los antecedentes de esta crisis pueden leer el artículo previo aquí. Tanto el secretario de estado estadounidense, como sus ministros1 en Perú tenían como objetivo personal que Chile no se anexara las regiones peruanas de Arica y Tarapacá. Pese a que los EEUU era una nación varias veces más grande y rica que Chile, la segunda contaba con una flota moderna que le permitió detener la intervención estadounidense en la región. Para empeorar las cosas, el actuar diplomático estadounidense fue tan torpe que la opinión pública chilena se puso en pie de guerra contra los EEUU.

¿Por qué actuó el gobierno norteamericano tan torpemente en sus intentos de evitar la anexión chilena?, ¿tenían miedo que Chile se convirtiera en un hegemón sudamericano que pudiera competir con los EEUU?, ¿fueron motivados por una visión imperialista, donde los EEUU debían ser la nación dominante basados en su Doctrina Monroe?, Para responder estas preguntas debemos hacer un análisis económico y militar sobre ambos países, y revisar los registros dejados de las marinas y diplomáticos respectivos.

David contra Goliat

En 1880 el Producto Interno Bruto de Chile era 50 veces más pequeño que el de los EEUU. Incluso después de la anexión de las zonas salitreras la diferencia se mantuvo. Tal diferencia aumentó ligeramente con el tiempo, llegando a 54 veces en 1910. Lo más notable es el aumento explosivo de población de los EEUU en las fechas analizadas frente a un relativamente lento crecimiento de la población en Chile.

Año Población en millones PIB (en USD año 2011) x 1.000
Chile EEUU Chile EEUU
1870 1,94 40,24 3.160.260 150.336.640
1880 2,26 50,46 4.764.080 245.538.360
1890 2,61 63,30 6.616.350 327.007.800
1900 2,96 76,39 8.740.880 477.590.280
1910 3,32 92,77 12.984.520 703.753.220

Tabla 1. Población y Producto Interno Bruto.  Fuente: Maddison Project Database https://www.rug.nl/ggdc/historicaldevelopment/maddison/releases/maddison-project-database-2018?lang=en.

Chile nunca fue una amenaza a los intereses estratégicos de los EEUU en la región. Chile fue, y aún sigue siendo en parte, una nación pequeña y pobre. La situación económica en Chile era tal, que en 1878 el gobierno chileno intentó vender el Cocharane y Blanco Encalada, los dos acorazados que le darían la victoria dos años después.

Tal como se aprecia en en tabla n°1, la conquista chilena de los territorios ricos en nitratos, si bien ayudó a mejorar los ingresos del estado, no fue de un nivel tal que permitiese a Chile ponerse a la par con los EEUU.

Las razones del enorme crecimiento económico de los EEUU son muchas, pero no son un tema a analizar en este artículo. Basta decir que tal respaldo económico le permitió expandir su flota, y luego su ejército a un tamaño tal que Chile simplemente no podía competir. Emilio Meneses Ciuffardi presenta en su libro ‘El factor naval en las relaciones entre Chile y los Estados Unidos(1887-1951)’ una diagrama de tal diferencia.

Año Buques Capitales y Cruceros Soldados x 1000
Chile EEUU Chile EEUU
1880 2 5 10 36
1891 2 3 2 14 10 36
1900 2 7 12 18 21 121
1910 1 5 29 35 24 130
1922 2 5 31 22 31 249
1930 1 4 21 21 23 236

Tabla 2. En la primera columna de cada país está el total de buques capitales, en la segunda los cruceros. Fuente: Meneses Ciuffardi, ‘El Factor Naval entre Chile y los Estados Unidos’. 

Chile pudo gozar de una momentánea superioridad naval sobre los EEUU, pero para 1891 la superioridad estadounidense se hizo evidente, llegando a ser irremontable a partir del año 1900. Como mencioné en el artículo anterior, Chile pudo imponer su voluntad contra los EEUU durante la guerra del Pacífico. Tal situación nunca se volvería a repetir, después sería la nación del norte quien podría dictar sus términos.

Ahora bien, lanzar al mar una flota de guerra con tripulación entrenada toma años, ¿por qué entonces el canciller estadounidense decidió amenazar a Chile en tal mal momento?

Los admiradores secretos de la marina chilena

Durante toda la guerra del Pacífico, las relaciones entre los oficiales de las armadas chilenas y estadounidenses fueron sumamente cordiales.

El nuevo contralmirante de la flota del Pacífico de los EEUU, Christopher R. P. Rodgers había indicado a sus oficiales que, “independiente del bando que favorecieran, debían observar la más cautelosa neutralidad frente a las naciones ahora en guerra”, además considerar que su objetivos eran “proteger los intereses legítimos de nuestros connacionales en la costa oeste de Sudamérica” y “reforzar la mano de nuestros diplomáticos”2.

No sólo mantenían su neutralidad, además consultaban con la armada chilena de cualquier movimiento de sus naves que pudiera ser interpretado como inamistoso, tal como informa el capitán George E. Belknap del USS Alaska al presidente chileno Santa Maria. En territorios peruanos ocupados por Chile, los barcos estadounidenses no entraban a un lugar sin previo consentimiento del comandante de las fuerzas de ocupación3. Frente a esta información, se puede inferir que, cuando Lynch informó al contralmirante estadounidense del arresto y embarque del presidente peruano, no lo hizo para afrentarlo; al contrario, por cortesía diplomática, le estaba informando de la novedad.

Pese a ser públicamente neutrales, en sus informes los marinos estadounidenses no se guardaban elogios para la marina chilena. El teniente J. F. Meigs, secretario del contralmirante Rodgers, escribía:

‘El heroico coraje y devoción de los marineros chilenos puede servir como ejemplo para todas las marinas. Cuando examinamos las preparaciones y consideramos la conducta de estos hombres, es difícil encontrar algo que podría ser hecho de mejor manera.’4

Por el contrario, sostenía que en la flota peruana

‘…la disciplina era laxa y en entrenamiento casi desconocido’5

Los marinos estadounidenses culpaban de la prolongación de la guerra a Inglaterra y no podían ocultar sus celos de la flota inglesa. Escribía el ya mencionado capitán Belknap:

‘Es un secreto a voces que el cónsul británico en Iquique urge la anexión chilena [de la ciudad] y soy de la opinión que, cuando los eventos históricos en esta costa se hagan conocidos, se descubrirá que la intriga inglesa y su influencia estaba detrás de todos los esfuerzos para prevenir una honorable paz entre los beligerantes.’6

Como veremos más adelante, fueron los mismos estadounidenses quienes, sin quererlo, ayudaron a extender el conflicto.

Ineptitud y corrupción diplomática estadounidense

James Blaine, enemigo de ChileJames Blaine. Fuente: Mathew Brady – Library of Congress Prints and Photographs Division.

Al contrario del actuar profesional de la marina estadounidense, su cuerpo diplomático desde el secretario de estado para abajo, dejó mucho que desear. Una de las mayores fuentes de mal entendidos, tanto en Chile como en el Perú, fue el mal manejo diplomático de los EEUU mientras James G. Blaine fue secretario de estado. En ambos países los diplomáticos estadounidenses asumieron como propios los intereses del país local, dejando de lado su neutralidad. En casos más reprochables actuaban con un abierto conflicto de intereses.

Los ministros estadounidenses en ambos países permitían que barcos chilenos y peruanos cambiasen su bandera por la norteamericana, para no ser atacados por la marina oponente. El contralmirante Rodgers, en un viaje en agosto de 1881 a Valparaíso, queda sorprendido con la cantidad de banderas de su país en la bahía chilena7.

El ministro de Washington en Chile, Hugh J. Kilpatrick, quien era bien estimado por la elite y opinión pública chilena, estaba gravemente enfermo con un tipo de nefritis, incapacitándolo para hacer su trabajo8. Sostiene Willian F. Sater que Kilpatrick estaba casado con una chilena, quién se volvió la ministro de facto, promoviendo los intereses chilenos y no los estadounidenses9.

En Perú la situación era peor, el ministro Isaac Christiancy tenía, aparentemente, como objetivo personal que Chile no se anexara Tarapacá. En Octubre de 1880 Christiancy es enviado a Chile a discutir una posible conferencia de paz entre las tres naciones beligerantes. El presidente chileno, Aníbal Pinto, le indica claramente que Chile sólo aceptará la cesión de Tarapacá para un acuerdo de paz. Christiancy miente a Lima y Washington, informando que Pinto no había puesto condiciones para sentarse a negociar10. Queda claro que tal mentira habría de tener graves consecuencias para Perú, no sólo perderían Tarapacá, sino además Arica. Indica Meneses Ciuffardi, que Christiancy tenía la idea que:

Después de ‘diez años de educar a los peruanos para hacerlos totalmente norteamericanos en sus ideas, ellos pedirían incorporarse a la Unión’11

En 1881 la situación diplomática toma un rumbo aún más polémico cuando el nuevo presidente estadounidense, James Garfield, elije como secretario de estado a James G. Blaine. Explica Sater que Blaine era cualquier cosa menos imparcial, además totalmente antibritánico. Blaine estaba convencido que Gran Bretaña había empujado a Chile a la guerra con tal de proteger las inversiones inglesas en la región12. Para ello buscó forzar a Chile a un tratado de paz.

Sater indica que:

‘su tratado [de Blaine] de paz propuesto llamaba a Chile a aceptar una indemnización monetaria en vez de demandar la anexión de Arica y Tarapacá. Si su política era exitosa habría de lograr dos objetivos: Si limitaban las ganancias de Santiago, Washington reduciría la influencia económica británica y, al garantizar las fronteras iniciales de Perú y Bolivia, Latinoamérica escaparía el revanchismo que azotaba la Europa post 1871, después de la cesión francesa de Alsacia y Lorena’

Indica Meneses Ciuffardi que la elite chilena no podía dejar de ver la hipocresía de la postura estadounidense, país que en 1848 había logrado anexarse casi la mitad del territorio de México tras una guerra.

Si la actitud de Blaine era polémica, su elección de nuevo ministro para Perú probó ser bizarra: Stephen A. Hulburt, según Sater era un borracho, charlatán y totalmente sobornable. Pesé a su mala reputación, intenta cumplir cabalmente las órdenes de Blaine. Este le escribe a Hulburt en octubre de 1881:


‘La influencia de los Estados Unidos en Perú ahora es un hecho…. insista desde un comienzo en la negociación y, con fuerza, en que el principio de arbitraje debería ser aceptado, y actúe…. [para que] Chile no pueda rehusarlo. El Perú pide nada menos que un árbitro imparcial, y el resultado pondrá a los Estados Unidos en el lugar en que debe estar, como la reconocida cabeza del sistema republicano de América’
13

La primera medida polémica de Hulburt fue enviar en agosto de 1881 una carta a Patricio Lynch informándole que los EEUU no aceptarían que Chile desmembrara al Perú. Por supuesto su carta es publicada en Chile. Meneses Ciuffardi indica que la respuesta de la opinión pública chilena en la prensa fue violenta.

Hulburt no sólo tomó la posición política peruana como propia, sino además intentó obtener provecho personal de ella. Negoció con el nuevo presidente peruano, García Calderón, la concesión del puerto de Chimbote para su uso como estación de abastecimiento de carbón para la flota estadounidense. A Hulburt le iba a ser entregado parte de la jurisdicción de una línea de ferrocarril hacía el interior donde se extraería el carbón. La línea férrea estaba entregada a concesión por Perú al empresario estadounidense Edward Dubois y administrada por J.H. Hayball, agente consular de los EEUU. El conflicto de intereses era más que evidente.

Tales negociaciones para una estación de carbón para uso de la marina fueron hechas sin consultar la opinión de la flota estadounidense, como estaba establecido. El nuevo comandante de la flota del pacífico, contralmirante Balch se quejó formalmente a sus superiores14. Su oferta de Chimbote también llegó a la prensa chilena, empeorando aún más la imagen norteamericana en Santiago. Finalmente Blaine se vio obligado a desautorizar a Hulburt15.

Como podemos ver, la neutralidad del ministro estadounidense en Chile ya era dudosa, pero en Perú los ministros Cristiancy y Hulburt eran abiertamente pro peruanos, para no decir incompetentes, corruptos y delirantes. Esto, sumado a la falta de criterio de Blaine, causó un fuerte sentimiento antiestadounidense en Chile.

Desenlace

Cómo ya mencioné en el artículo anterior, Blaine había enviado a su hijo y otro diplomático, William Trescott, con el objetivo de romper relaciones diplomáticas con Chile y la marina estadounidense consideraba una guerra con Chile altamente probable. La prensa estadounidense también especulaba con una posible guerra, el diario New York Tribune editorializó el 18 de noviembre de 1881, que:

‘[el almirante Lynch] había dispuesto sus blindados en posición de demoler nuestros buques de madera en el puerto de Callao, en caso de cualquier demostración hostil de nuestro gobierno’16

Afortunadamente para todos los países involucrados, el presidente estadounidense Garfield es asesinado en septiembre de 1881, asumiendo la presidencia Chester Alan Arthur, quien nombra como nuevo secretario de estado a Frederick T. Frelinghuysen, reemplazando a Blaine. Frelinghuysen desautorizó inmediatamente la misión de Blaine hijo y Trescott. Es sorprendente pensar que el asesinato de un presidente estadounidense previno una guerra que los EEUU hubiera perdido.

Conclusión

El secretario de estado Blaine tenía una visión demasiado elevada del rol de los EEUU en el mundo. Su arrogancia y falta de criterio casi provoca una guerra donde los EEUU habrían sido humillados por una nación cincuenta veces más pequeña. La debilidad de la marina norteamericana era conocida décadas previas al conflicto entre Chile y Perú. Cuesta comprender por qué Blaine no ajustó su diplomacia a los medios disponibles.

Cabe además señalar que el actuar del cuerpo diplomático norteamericano durante la Guerra del Pacífico tuvo nefastas consecuencias para el Perú: por culpa de Christiancy se sentaron a negociar la paz en 1880 sin saber que Chile no devolvería Tarapacá, tal ceguera posiblemente causó la pérdida de Arica y la invasión a Lima. Una vez ocupados por las fuerzas chilenas los peruanos probablemente deciden resistir más tiempo al ver que tenían el apoyo diplomático estadounidense. Quizás la elite peruana no pudo ver que Blaine era sólo un ave de paso y que Hulburt era un descriteriado y corrupto que buscaba su enriquecimiento personal.


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Bibliografía

  1. [Volver] Durante tal periodo se usaba el título de ministro y no embajador
  2. [Volver] Hagan, Kenneth J.,1973, ‘American Gunboat diplomacy and the Old Navy 1877-1889’. Greenwood Press. Wesport. pp. 132
  3. [Volver]Hagan, op., cit., pp. 137-138
  4. [Volver]Hagan, op., cit., pp. 131
  5. [Volver]Sater, William F., 2007, ‘Andean Tragedy, Fighting the Pacific War, 1879, 1884 ‘. University of Nebraska Press. pp. 112
  6. [Volver]Hagan, op., cit., pp. 141
  7. [Volver]Hagan, op., cit., pp. 134
  8. [Volver]Hagan, op., cit., pp. 137
  9. [Volver]Sater, op., cit., pp. 305
  10. [Volver]Sater, op., cit., pp. 302
  11. [Volver]Meneses Ciuffardi, Emilio, 1989, ‘El Factor Naval entre Chile y los Estados Unidos’. Hachete. Santiago. pp. 32
  12. [Volver]Sater, op., cit., pp. 304
  13. [Volver]Meneses Ciuffardi, op., cit., pp. 33-34
  14. [Volver]Hagan, op., cit., pp. 135
  15. [Volver]Hagan, op., cit., pp. 137
  16. [Volver]Meneses Ciuffardi, op., cit., pp. 38

Foto de portada: ‘Combate de Punta Angamos’ de Rudolph de Lisle.

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