Después de leer mi artículo sobre Jerusalén y la embajada americana, varios me comentaron que debería escribir más sobre el sufrimiento del pueblo palestino y los muertos que sufrieron durante las protestas. Pero después de pensarlo un rato me dije a mi mismo que eso no tiene sentido alguno, principalmente porque todos los conflictos humanos implican sufrimiento y enfocarse en eso no ayuda a solucionar el conflicto, sino puede empeorarlo, me explico.

 

La empatía es dañina

En cualquier discusión, en cuanto mencionas el sufrimiento del grupo A durante la guerra X, inmediatamente saldrán los miembros del grupo B, que sufrieron en manos del grupo A a mencionar su drama. Y no importa el sufrimiento de quién estés describiendo, siempre habrá alguien que saltará y dirá: “mi grupo tuvo más muertos, o sufrió más, o ellos comenzaron”. Tal argumento es una forma sofisticada de decir: “mi grupo es más importante que el otro”. Tal enfoque permite justificar todo tipo de crueldades cuando son cometidas el bando propio.

Esto se debe a nuestra capacidad de sentir profundamente el sufrimiento de otras personas, pero esta capacidad está reservada exclusivamente para con quienes nos identificamos. Tanto israelíes como palestinos tienen una gigantesca capacidad de empatía, pero únicamente para el mismo bando. ¿Se han preguntado porque en occidente hay más revuelo si hay un atentado terrorista en Francia que en Egipto? Con Francia hay una historia común para todo occidente, con Egipto tenemos casi ningún vínculo.

 

Mala empatía, el caso chileno

Esta exclusión va más allá de grupos tribales, se aplica también a grupos políticos. En Chile, la intentona socialista de la Unidad Popular en 1970-73, el posterior golpe militar y la política antisubversiva del gobierno de Pinochet tiene hasta hoy profundas secuelas pese al bajo número de muertos sufridos si lo comparamos con otros casos de violencia política en el mundo [1].

Jamás he escuchado un miembro de la familia militar o alguien involucrado en políticas de asesinato y desaparición tener conmiseración con las víctimas de izquierda o sus familiares, aún menos he escuchado gente de izquierda dar palabras de consuelo a familiares de carabineros o militares asesinados por la guerrilla subversiva. De hecho, usualmente ambos bandos parecen gozar en su fuero interno del sufrimiento del otro, y hay corroboración científica para ello.

 

Cuando disfrutamos del sufrimiento de nuestros enemigos

La actitud recién descrita no nos convierte en malas personas, al contrario, somos seres sumamente normales. El año 2006, Singer et al. [2] publicaron un paper donde indicaban que en los varones se activaban áreas del cerebro vinculadas al placer cuando veían a alguien que actuaba injustamente sufrir dolor físico, tal activación no sucedía en las mujeres. Esto quiere decir que, al menos los varones, realmente disfrutan ver el sufrimiento de sus enemigos. Esto tiene implicancias importantes a la hora de “castigar” al enemigo por “una buena causa”. Tenemos casos documentados de hombres comunes y corrientes, quienes bajo las circunstancias apropiadas cometieron uno de los peores genocidios durante el siglo XX.

 

Hombres buenos y la solución final

United States Holocaust Memorial MuseumMiembros de Unidad de Polícia 101 celebrando navidad. Fuente: United States Holocaust Memorial Museum

En el libro “Ordinary Men” de  Christopher R. Browning [3] describe como un grupo de policías de Hamburgo, la Unidad de Polícia 101 se volvieron ejecutores de la solución final en Polonia. Estos policías eran todos hombres en sus 30 años, de clase media y bien educados, que no vivieron en adoctrinamiento político en su infancia y provenían de la ciudad con menos influencia nazi de toda Alemania. Aun así participaron voluntariamente en la ejecución de miles de judíos. Para justificarlo se explicaban a sí mismos que estaban en guerra contra un enemigo implacable, y sus víctimas eran parte de tal grupo, era un trabajo macabro pensaban, pero alguien debía hacerlo.

Citando el mismo libro sostiene el psicólogo Jordan B. Peterson en sus cursos de psicología que, por varios motivos de motivación grupal, la mayor parte de nosotros habríamos sido carceleros en Auschwitz antes que victimas si hubiésemos vivido en la Alemania nacionalsocialista [4]. Creer que eres del bando “bueno” no te protege de cometer los peores crímenes.

 

Deja de sentir simpatía por los tuyos

El problema de enfocarse en el sufrimiento del bando propio, es olvidarse que la guerra es uno de los mayores actos destructivos posibles. Tú, como soldado, irás a matar al hijo de otra madre, pasarás noches sin dormir sorprendido por las atrocidades que cometiste y jamás te imaginaste capaz de hacer. Si eres mujer verás morir a tu marido o hijos, arriesgarás hambre y abuso. Y todos estarán dispuestos a seguir cometiendo crímenes porque “el otro bando es peor”.

Lo difícil de una guerra no es soportar el sufrimiento, lo difícil es lograr la paz con el hombre que mató a tu hermano, y que tal hombre intente hacer la paz contigo, aunque tú hayas matado a su padre. Tú no haces la paz con tu hermano, la haces con tu enemigo; aun cuando tenga la sangre tus seres queridos en sus manos. Si los bandos en conflicto no logran hacer eso, sean naciones o grupos políticos, este sólo acabará cuando uno de los contrincantes sea destrozado.

 

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*Fuente Foto Portada: EPA

[1] ya veo a varios saltando ofendidos frente a este comentario tildándolo de insensible, lo que demuestra mi argumento que la empatía puede ser dañina.

[2] https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2636868/

[3] https://www.amazon.com/Ordinary-Men-Reserve-Battalion-Solution/dp/0060995068/

[4] https://www.youtube.com/watch?v=w74EuWtxNTc

*Fuente Foto Portada: EPA